miércoles, junio 24, 2015

Café recalentado


Sírvame por favor un café bien cargado, pero de ese que tiene en sus ojos. No se ofenda si le digo que me lo quiero beber, pero bien caliente para quemarme con el amargo sabor de sus besos. No quiero azúcar, gracias, ciertas cosas dulces no van conmigo. Prefiero que la cafeína me devuelva la vida que usted me quitó en las noches, pero no me deje dormir porque perderíamos el tiempo y el amor se enfriaría. Digo, el café se enfriaría y recalentado ya no sabe ni se siente igual.




viernes, marzo 06, 2015

martes, marzo 03, 2015

Te juro que ya no te quiero.


Porque soy eso que queda destrozado en tan solo un segundo, ese en el que te vas. Porque cuando te entregué todo me quedé vacía y con la mirada pérdida en nuestro rincón, donde bailábamos juntos entre el polvo y las cenizas de las personas que fuimos antes de conocernos. Y cuando los halos de luz nos alcanzaban ni siquiera distinguía se trataba del sol o la luna. Que más daba si de día o de noche se podía bailar y besar y querer.


Y te juro que te quise. Y te juro que me destrozó quererte. Pero te juro que ya no te quiero. 


martes, febrero 24, 2015

Te quedas







Vivir, comer y respirar las mentiras de su boca, pues son besos agrios los que te mantienen con vida. Sonríes y las grietas de tus labios sangran, porque ese amor que te comiste ya estaba podrido. Tu piel quemada duele.  Todavía sabes a sal y metal. Y hueles a ti aún pérdida en él, pero ya no eres tú. Eres tan infeliz que ni tú misma te reconoces, pero crees que es amor… y te quedas.  


martes, febrero 17, 2015

Para.


Para boquitas, la tuya y la mía
Para besos, los tuyos cuando me contentan
Para abrazos, los míos cuando te extrañan
Para sonrisas, las nuestras cuando nos vemos

Para ojos, los tuyos y los míos
Para mordidas, las tuyas cuando me provocan
Para pieles, la mía cuando la tocas
Para peleas, las nuestras cuando no nos vemos

Para cuerpos, el tuyo y el mío
Para dedos, los tuyos cuando me acarician
Para roces, los míos cuando me acerco

Para amores, el nuestro cuando fingimos



lunes, febrero 02, 2015

Dime de quien huyes y te diré a quien amas.





Porque correr es lo que hacemos cuando tenemos miedo y si miro hacia atrás… ahí estás tú, volviéndote una figura cada vez más pequeña con cada paso que doy. Y no quiero detenerme porque si lo hago sé que podrías alcanzarme de nuevo. Abrazarme. Besarme. Sonreírme y consumirme. Y yo no quiero quemarme tan pronto ni tan dentro. Necesito ser muy libre antes de amarte, así que perdóname si estoy huyendo antes de que esto si quiera comience…




Dicen que es muy de sagitarios correr en la dirección opuesta, pero nadie me dijo que el mundo es redondo y que al darle la vuelta volvería a encontrarme frente a frente contigo. 



miércoles, enero 28, 2015

Después de un año lloré y escribí (3)



Después de un año lloré al recordar sus muertes. Tal vez porque estaba sensible. Tal vez porque las extrañaba. Y entonces recordé que había prometido hacer una crónica de todo lo que me había sucedido, pero no se imaginan lo fuerte que tiene que ser una… y lo clara que tiene que tener la cabeza para poder elegir las palabras correctas que transmitan esos sentimientos.

Por eso lloré y escribí. Porque me sentí fuerte. Y porque tenía que crear el recuerdo tanto de Leanne como de Luna. Era hora de remover el pasado.

La misa de Lunita estuvo llena de globos con forma de estrella y personas vestidas de blanco. Ella estaba en el centro. Esta vez yo ya sabía que no lloraría para que la sacáramos de ahí, así que no se lo pedí.

Ojalá pudiera recordar con exactitud las palabras que el Padre de Luna dijo frente a todos, puesto que fueron hermosas. Mencionó que ya sabían que el tiempo que tendrían que pasar con Lunita sería corto, debido a su condición, pero que nunca imaginaron que fuera a ser tan poco…

Recuerdo que comencé a llorar de nuevo con solo escucharlo. Incluso, desde donde me encontraba, alcanzaba a escuchar el llanto de Lili.

Salimos después de eso. La despedida de Luna fue muy diferente a la de Leanne. Mi sobrina simplemente desapareció tras una carroza. En cambio, a Lunita le cantamos una porra antes de que todos soltaran los globos de gas y las estrellas subieran al cielo. También algunas palomas blancas volaron a nuestro alrededor.

Y entonces subieron el féretro de Lunita a la larga carroza. Esa fue la última vez que la vi.

Mis amigas se abrazaron pero yo no. Yo solo estaba de pie, con los brazos cruzados y llorando de la misma forma que lloro cuando intento aparentar que soy fuerte: en silencio.










Leanne y Lunita vivieron muy poco. Se perdieron de muchas cosas de este mundo, tanto buenas como malas. Pero nunca les faltó amor a ninguna de las dos. Se cree, según mi religión, que eran tan puras e inocentes que se ganaron un pase directo al cielo porque ni siquiera tenían la capacidad de pecar.


Entonces tal vez no murieron dos bebés, tal vez nacieron dos ángeles.

Tal vez hoy son amigas y se la pasan haciendo travesuras allá arriba… 









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